La otra

Sus labios se encontraron en los míos una vez más, y luego otra, y otra y así sucesivamente. Jugando a que nos cacharan, que nos atraparan en los brazos del otro. Quizás era un poco peligroso, y tal vez era la adrenalina que me extasiaba. Tan sólo pensar que en cualquier momento se caería el telón y nos descubrirían tras bastidores, con nuestros pechos al descubierto y nuestras bocas ocupadas. Bailando al son de lisonjeras lujurias. Un mapa de constelaciones en su espalda y las yemas de mis dedos que surcaban su silueta a contraluz.  Mis manos no se cansaban de recorrer cada rincón de su piel, cada poro, cada instante que apremiaba el encuentro. ¡Tan efímero y tan eterno! Redescubriendo los mares que en diversas ocasiones había naufragado en, los mismos que ahora otras eran quienes lo navegaban. A esas, a las que le debo mi existencia, porque sin ellas no sería la otra.

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Despedidas y otras cosas

Una gota cayó al suelo, pronto un charco inundó la sala. Traté de no manchar el suelo, ¡No fue mi intención! Continué arrastrando su cuerpo robusto fuera de la casa. ¡Joder, ya me había cansado de su maldita alegría pretenciosa! Le prendí en llamas y me despedí de la Navidad.