La otra

Sus labios se encontraron en los míos una vez más, y luego otra, y otra y así sucesivamente. Jugando a que nos cacharan, que nos atraparan en los brazos del otro. Quizás era un poco peligroso, y tal vez era la adrenalina que me extasiaba. Tan sólo pensar que en cualquier momento se caería el telón y nos descubrirían tras bastidores, con nuestros pechos al descubierto y nuestras bocas ocupadas. Bailando al son de lisonjeras lujurias. Un mapa de constelaciones en su espalda y las yemas de mis dedos que surcaban su silueta a contraluz.  Mis manos no se cansaban de recorrer cada rincón de su piel, cada poro, cada instante que apremiaba el encuentro. ¡Tan efímero y tan eterno! Redescubriendo los mares que en diversas ocasiones había naufragado en, los mismos que ahora otras eran quienes lo navegaban. A esas, a las que le debo mi existencia, porque sin ellas no sería la otra.

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Cartas a la Luna: I

Luna—no alcancé a despegar mi mirada de ella—tan radiante, tan brillante, tan mía, tan de ella, ¡tan puta! ¡Ay, Luna! ¡Luna de mi alma! ¿Por qué me haces pecar? ¿Cuándo entenderás que su corazón a otro le pertenece?

Ay, Luna, Lunita… No podía evitar el dejar escapar una mueca, de esas que dicen que forman sonrisas, ¡Luna! No te escondas tras esas nubes, esas nubes nebulosas. ¿Acaso no entiendes que no necesitas más? Aquí me tienes, desvelado, observante —tan tuyo, siempre tuyo— tus amigas, esas que nunca abandonan tu lado, las mismas que son cómplices de mi querer, las que una decena de noches han presenciado mi llantén, hoy-hoy andan calladas, susurrando puras tonterías. Estrellas, estrellas hechas humo, como ese que inhalo y me lleva a navegar(te) por completo.

Ay, Luna, Luna, Luna… Ya no aguanto, sé que sería diferente, tan diferente si dejases de ser un astro, un astro que sólo es parte de mis noches, de mis sueños… Ay Luna, Lunita…

Ay Luna, Luna de lunares, con sus estrelladas cómplices, esas que fueron testigo del primer beso… Sí, nos besamos sin saber que eso cambiaría todo. Sin saber que ya no sería mío, que sería tuyo, tan tuyo que aquí me tienes a orillas del mar, contemplándote mientras juegas al esconder y te revuelcas en otros cielos, en otros mares de pasión.

Aquí, aquí te esperaré.
Eternamente tuyo,
Felipe

Les comenté

Hoy anduve pensando en las relaciones interpersonales de los seres humanos…— les comentaba.

No sé de que manera dejamos de ser para encajar dentro de la caja más pequeña que podemos encontrar.

—¿para qué?

Si cada vez que dejan caer una bomba, muere un sueño. Uno más que se quedó sin cumplir. ¡Boom!

Los mismos sueños que juramos nunca abandonar quedan tronchados en aquellos soles truncos. Nos perdimos… — les comentaba.

No sé en que momento fue que pasé a ser una memoria extraviada en los rincones más recónditos de la mente.

¿Alguna vez han tratado algo tantas veces que deja de funcionar? —como mentes bombardeadas de perico. ¡Boom!

Ya no se siente placer, ya no. —les comenté.

Despedidas y otras cosas

Una gota cayó al suelo, pronto un charco inundó la sala. Traté de no manchar el suelo, ¡No fue mi intención! Continué arrastrando su cuerpo robusto fuera de la casa. ¡Joder, ya me había cansado de su maldita alegría pretenciosa! Le prendí en llamas y me despedí de la Navidad.