Rostros inmemorables

Como de costumbre, me senté en un banco del cuadrángulo de Humanidades a contemplar la vida y sus tropiezos. Escuché el bullicio sofocante de individuos con rostros inmemorables, de esos que te llevas a la cama y en la mañana se te olvida su nombre, ni contar que a la semana ya ni recuerdas si chichaba cabrón. Cada minuto que pasaba parecía intensificar las ondas sonoras del bullicio, como quienes intentan hacer mostrar su hombría por cuan alto lleguen a parlar. Mientras más se acercaban, mejor entendía el bullicio y su habladuría con expedición sobre cosas que eran puras patrañas. Es ahí cuando comprendí que sus rostros eran inmemorables por las musarañas que cargaban en su mente. 

Me levanté de aquel banco, y ahí te dejé, junto aquellos con los cuales ahora te identificaré.

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